Trespatines grabará en Costa Rica
Tomado de: Diario La Nación (edición impresa, via Google News Archive)
Miércoles 17 de enero de 1978
Por: José A. Cordero
Nota de prensa tomada del diario La Nación, pág. 22, 17 enero de 1978 - 'Trespatines grabará en Costa Rica'. Haz clic sobre la imagen para agrandarla.
El siguiente artículo es una reproducción textual de la publicación original (17-ENE-1978)
Son las dos menos cuarto de la madrugada; por fin hemos podido huir de ese ejercito de admiradores, curiosos, televidentes emocionados, reporteros improvisados y gente que, como nosotros, quería ver a Leopoldo Fernández.
Frente a una taza de café cubano, humeante junto al cigarro, Trespatines se mece en un sillón de nuestra casa; desde hace veinte horas no duerme, ha salido en TV, ha viajado en avión y carro, ha conversado con casi cien personas. ¿Cansado? No... “Todavía tengo cuerda...”.
Traje azul, chaleco rojo; corbata color vino, medias caladas; Trespatines de carne y hueso, frente a nosotros, de pronto. Demasiado increíble para ser cierto. Un poco más delgado, con los anteojos verdes ocultando algo de su chispeante mirada, sonríe al fin. Puede empezar la entrevista.
¿Por qué es tan famoso y querido el personaje de Trespatines
“Yo creo que es porque la gente se identifica con él; es un tipo pícaro, alegre, muy enredador... como muchos quisiéramos ser. Trespatines no es tonto, sino que se hace; eso lo ayuda aún más para sus trampas y trucos. No es que sea perfecto, ni mucho menos. Es simplemente, un tipo que tienen mucho de hombre latino, y por eso llega al corazón de la gente.”
¿Es Leopoldo Fernández como Trespatines?
“No. Esto es un problema, ya que es difícil convencer a la gente de que uno no es como el personaje que crea; no quiero ni puedo vivir de acuerdo a una imagen impuesta. Soy en el fondo serio y sensible, y si hago de Trespatines es en forma de actor. Una cosa es Leopoldo Fernández y otra cosa muy diferente es Trespatines.”
¿Qué sientes de tu carrera de más de cuarenta años de actor? ¿Orgulloso?
“Pues orgulloso no, satisfecho más bien. Soy un hombre sin patria ya que tuve que irme de Cuba en el sesenta por razones que tú has escrito en otras oportunidades; he vuelto a hacer mi vida, y mi mayor satisfacción es saber que la gente ríe por mis actuaciones.”
Originalmente empleado de telégrafos, Leopoldo fue luego bailarín y su primera actuación fue como un negrito. Aquél negrito anónimo es ahora tal vez el cubano más querido de América, que ha grabado programas para TV en México y Perú, y que nos visita por una semana gracias a Canal Once, que lo trajo para su público tico.
¿Cómo haces tus programas?
Ultimamente el libreto lo hago yo; trato que el ritmo del programa se mantenga constantemente; esto es difícil, porque tú sabes que los cubanos hablamos muy alto, y cuando trabajo con mejicanos o peruanos me contestan en tonos muy bajos. No me ciño al libreto, sino que improvisamos muchísimo. Ese es otro factor importante del programa, ya que le da naturalidad. Grabamos más o menos dos shows diarios.
Trespatines —o Leopoldo Fernández, que no es lo mismo— se toma el café y reposa. Se ha casado cinco veces, vive en Miami y afirma no mezclar la política con sus actuaciones. Sin embargo, dice estar muy orgulloso por “haberse ido de Cuba como un anticomunista”.
¿A qué debemos su visita a Costa Rica?
Primeramente, he venido atendiendo una invitación de Canal Once para actuar ante el público costarricense. Además, quiero aprovechar la visita para estudiar la posibilidad de grabar shows aquí en Costa Rica para mandar a toda América. Hay mucho talento y creo que es explotable. Aquí la gente es tan buena y lo quieren tanto a uno, que le dan ganas a cualquiera de quedarse toda la vida...”.
A cien kilómetros por hora por el Paseo Colón —ojalá no queden tráfico por ahí— vamos a dejar a Leopoldo Fernández al Hotel Crystal. Él necesita descansar —y se lo merece— después de charlar durante casi tres horas de todo: música, actores, escritores y Cuba. Vamos orgullosos de haber conocido en persona a un actor que no por serlo dejó de lado su integridad y su simpatía; vamos felices de haber tenido en nuestra casa al gran cómico de América, y —mejor que eso— a una persona simple, amable y sonriente, que a pesar de haber pasado veinte horas en vela y a las dos de la mañana, todavía tiene ánimos de sentarse a conversar con un humilde admirador, alrededor de una taza de café.
